jueves, 30 de abril de 2015

Día 12 - Infancia

Hoy en la primera clase tuvimos el curso de evangelismo para niños. Realmente una bendición, aunque fue muy duro ver la realidad por la que están pasando actualmente muchos niños alrededor del mundo, pero ver esa necesidad y las muchas maneras en las que podríamos hacer algo por poco que parezca, cuán importante en la oración. 

Recordaba algo que hice hace muchos años, sin embargo por cuestión de tiempo y de deberes no pude seguir con la idea que tenía. Cuando ingresé a la universidad, a inicios de ciclo contaba con mayor tiempo para involucrarme en proyectos personales, uno de ellos era poder compartir con niños de la calle. Solía ir caminando por la avenida Angamos, llevando algo de fruta y cosas necesarias para las clases, un poco de sencillo por si lo necesitaba, y buscaba a algún niño que veía en los paraderos. Me sentaba cerca de donde trabajaban y les invitaba algo de comer. Normalmente van de dos y siempre hay uno más grande que es el que guía. Les preguntaba cosas como para ganarme su confianza y trataba que sean ellos los que me hablaran más que yo tratando de sacarles información, recuerdo que pasé buen rato charlando con ellos. 

Cuando llegó el momento de irme les prometí que volvería de nuevo otro día, así que eso fue lo que hice, esta vez lleve algo de comida y una pulsera con los colores del librito sin palabra, trate de ir a la misma hora para poder encontrarlos a ellos mismos pero nunca los vi. Espere varios minutos, regresé a la tarde y nada. Me sentí triste y preocupada a la vez por si les habría pasado algo ya que casi siempre que pasaba los veía en el mismo lugar, volví al siguiente día y nada. Después de ello pasaba regularmente por el carro, pero pronto por mis horarios y trabajos que aumentaron se me olvidó el observar por si regresaban. 

Fue algo que me hubiese gustado continuar, al escuchar la necesidad de predicar a los niños en esta clase y la importancia que tiene tanto como predicar a cualquier otra persona me movió bastante. 

El profesor nos dictó unas preguntas para responder cada uno así mismo y eso fue algo que me dejó mucho de que pensar. Entre ellas me preguntaba ¿Qué es lo que más había marcado mi infancia? Cuando pidió a algunos que compartieran, muchos de ellos contaban anécdotas con sus padres. Me ponía a recordar un poco acerca de lo que marcó en mi infancia y más que momentos con mis padres, lo que yo recuerdo son momentos con mis amigos, primos o con Esther, fue ella quien realmente me educó, y mis tías que siempre me llevaban a la escuela dominical. 

Recuerdo cuando tenía 6 e iba junto a mis otras primas a la iglesia, en ese entonces mi prima Jacky, una de las mayores, enseñaba en mi clase, y lo que más me gustaba era el tiempo de alabanza y las mímicas que aprendíamos. Las clases de David y Goliat, Jonás y el pez gigante, los filisteos y muchas otras. Recordar todo ello me hace ver que Dios me llamó desde muy pequeña y me cuidaba en todo este tiempo, quizá yo no había aceptado a Cristo en ese entonces, pero tenía temor de Dios y eso se quedó guardado en mi corazón hasta el momento que lo acepté como mi Salvador. 

Pero cuando preguntaron cuáles son las malas experiencias que has tenido de pequeña… Ahí podía recordar más cosas en cuanto a mis papás. Las veces que discutían, aunque muy pocas veces lo hacían frente a mi o mi hermano, nosotros nos dábamos cuenta de lo que pasaba. Las veces que mi papá volvía mareado a mi casa. 

Siempre he dicho que el divorcio de mis papás no me afectó tanto o creí, o que no lo sentí ya que no recuerdo tanto como pasó. Y tal vez es cierto, ya que es lo que quiero creer. Pero siendo totalmente sincera conmigo misma y con Dios, es sabe lo que realmente sentí en ese momento y lo que siento ahora. Mi hermano y yo decidimos obviar en nuestra mente todos esos momentos, hacernos de la vista gorda y no dejar que nos afecte, endurecimos nuestro corazón para no sentir tristeza y sé que mis padres trataron de hacer lo mejor para que no nos afecte tanto ese momento. Nos llevaron a psicólogos los cuales nos dijeron que todo andaba bien y que no veía problemas que nos afectarían a futuro, pero ellos no podían ver nuestro corazón, ni nosotros mismos porque nos habíamos aferrado a no pensar en eso. 

Recuerdo que la primera vez que hablé con alguien sobre cómo me sentía con respecto a mi papá fue con Rosita, poco antes de aceptar a Cristo, Dios fue quien sanó todo lo que se había quebrado en mi corazón, y fue Él quien me dio aún más amor por mi papá. 

Ver como Dios ha obrado en mí desde muy pequeña y como también puede obrar en la vida de muchos niños que pasaron por situaciones similares me animó y me desafía a orar por ellos. 

En la tarde luego de biblioteca, Víctor me llamó para conversar a cerca de un nuevo proyecto en el que está trabajando y que le gustaría que lo apoyara junto a otra alumna, así que me pidió que lo ponga en oración y que el día de mañana me estaría confirmando eso. 

En la noche nos asignaron nuestras consejeras, mi consejera Miriam Giménez, hermana del profesor Norberto. Me contó que aconsejó en estos 3 años a Sarai, y que conocía a la familia Matos desde hace mucho. Fue un momento muy lindo, la verdad es que me motivó bastante escucharla y me siento desafiada en cuanto al tiempo de compartir y de confiar en que ella es la persona que Dios ha dispuesto para poder trabajar más en las áreas que necesito.

No hay comentarios:

Publicar un comentario